Carrie Fisher, recordada como la aguerrida y poderosa princesa Leia en la película original de “Star Wars”, murió el martes a los 60 años.

Convirtió en ícono su papel e inmortalizó diálogos como “ayúdame Obi-Wan Kenobi, eres mi única esperanza”. Su peinado futurista, inspirado según dijo George Lucas en “un estilo revolucionario como de mujer de Pancho Villa, del sur de Estados Unidos”, se volvió parte de la cultura popular del cine.

En 2015 retomó su papel en el episodio VII de la saga, “Star Wars: El despertar de la Fuerza”, y su imagen animada por computadora aparece en “Rogue One: Una historia de Star Wars”.

Fisher también tuvo que librar batallas en la vida real por su adicción a las drogas y enfermedades mentales, temas que abordó en libros muy celebrados. La película “Postcards From the Edge” de 1990, dirigida por Mike Nichols, estaba basada en su guión y novela semiautobiográfica homónima.

Este año presentó sus memorias “The Princess Diarist”, basadas en los diarios que escribió mientras filmaba la trilogía original de “Star Wars”, en las que reveló que ella y Ford tuvieron un romance en el plató de “La guerra de las galaxias”. Fisher tenía 19 años, Ford 33 y estaba casado.

La actriz era hija de una de las parejas más famosas del siglo pasado, la actriz Debbie Reynolds y el fallecido cantante Eddie Fisher.

“Soy un producto de la endogamia de Hollywood”, dijo alguna vez con su característico humor. “Cuando dos celebridades se aparean algo como yo es el resultado”.

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